Perfeccionismo: ¿todo o nada?

por Sandra Monteverde

Ser perfeccionista ¿puede conducirte al éxito o al fracaso?

¿Alguna vez has sido etiquetado como un “perfeccionista”? ¿O tú mismo sospechas que lo eres?

A pesar de que todos queremos y debemos realizar nuestros trabajos con la mayor calidad posible, el perfeccionismo excesivo es capaz de ocasionar más daño que bien, ya que puede ser perjudicial para la autoestima personal y para las personas con las que se trabaja. Además, el exceso de perfeccionismo puede crear tensiones innecesarias, dilapida tiempo y en casos extremos conduce a problemas de salud.

¿Qué es el perfeccionismo?

El perfeccionismo es un conjunto de patrones de pensamiento que cuando resultan extremos puede empujar a un individuo a tratar de alcanzar metas poco realistas y acabar siendo autodestructivos.

En su libro “La búsqueda de lo perfecto”, el Dr. Tal Ben-Shahar explica que hay dos tipos de perfeccionismo: El perfeccionismo adaptativo y el desadaptativo.

Los perfeccionistas adaptables trabajan en el desarrollo de sus habilidades. Sus estándares están siempre en plan de superación y trabajan con optimismo, placer y deseo de mejorar. Esto es claramente un tipo saludable de perfeccionismo.

Pero también los hay que no son capaces de adaptarse y nunca están satisfechos con lo que logran. Si algo no es perfecto, lo descartan. En su búsqueda extrema de la perfección pueden experimentar miedo al fracaso, dudas, infelicidad y otras emociones dolorosas.

Es importante entender la diferencia entre el perfeccionismo desadaptativo y una búsqueda saludable del éxito. Los primeros perciben los errores como inaceptables, ya que piensan que estos hacen que los demás les consideren incompetentes.

Por el contrario, las personas que se esfuerzan en alcanzar la excelencia de una manera saludable, ven los errores como una oportunidad para crecer, entienden que son parte del proceso de aprendizaje y los aceptan.

¿Cuándo se requiere resultados perfectos?

Claramente, es necesario trabajar duro y dar lo mejor de cada uno, para intentar que nuestros resultados sean lo más perfectos que podamos.

Esto es significativo cuando hay vidas en juego o cuando las consecuencias del fracaso son invalorables, ya que en estos casos un enfoque informal de calidad puede ser catastrófico. Pero cuando las consecuencias de la imperfección son pequeñas, entonces puede ser un desperdicio de tiempo buscar la perfección.

Consecuencias del “mal” Perfeccionismo

Salud general

Según algunos estudios el perfeccionismo se ha relacionado con problemas de salud tales como estrés, trastornos alimenticios y de la personalidad, depresión, migrañas y ansiedad. La búsqueda obsesiva de la perfección puede derivar en relaciones conflictivas con los demás.

Autoestima

El perfeccionismo tiene un impacto negativo en la autoestima, ya que quienes lo experimentan creen que ésta está ligada a lo que logran y que los demás les juzgarán por ello. Como nunca están satisfechos con sus resultados, sus estándares son inalcanzables y esto les lleva a la autocrítica destructiva y a la culpa.

Dilación

El perfeccionismo está estrechamente ligado a la dilación, ya que quién lo practica puede llegar a perder un tiempo infinito en nimiedades y eso afectará a su rendimiento y a su reputación.

Falta de creatividad

Muchos perfeccionistas se niegan sistemáticamente a salir de los parámetros que ellos mismos se han autoimpuesto, por lo que limitan su poder y capacidad de creación e innovación.

¿Cómo detectar el perfeccionismo desadaptativo?

Reconocer el perfeccionismo desadaptativo en ti mismo es muy fácil, si éste constituye un problema para ti. Plantéate lo siguiente:

  • ¿Tienes metas muy altas o poco realistas? ¿Si no puedes ser el mejor a veces te das por vencido?
  • ¿Ves algún error como un fracaso y ante los logros ajenos sientes que has fallado? ¿Ocultas tus errores por temor a que te juzguen?
  • ¿Te tomas demasiado tiempo para dar los toques finales o planificar una tarea?
  • ¿Te sientes incómodo cuando no se logra un resultado que coincida con tu definición de la perfección?
  • No te gusta tomar riesgos, porque entonces no hay garantía de que el resultado sea perfecto. Optas por seguir haciendo “las cosas bien” y no innovas por temor al fracaso.
  • No disfrutas del proceso del aprendizaje y/o del trabajo porque solo te preocupan los resultados.
  • ¿Piensas que lo que no es un acierto, forzosamente debe ser un fracaso?
  • ¿Vives pendiente de la aprobación y la opinión ajena?
  • Cuando eres excesivamente exigente con tus compañeros ¿éstos se repliegan y las relaciones se vuelven tensas?
  • ¿Tienes dificultades para delegar tareas?

Superando el perfeccionismo destructivo

Si reconoces en ti más de uno de los comportamientos citados, es posible que tengas un problema con el perfeccionismo, pero no te preocupes, vamos a enseñarte cómo gestionarlo y superarlo.

Los siguientes pasos son una adaptación de un método desarrollado por el Centro de Perth para las intervenciones clínicas y se orientan a desafiar las conductas y actitudes perfeccionistas.

Paso 1: Identifica los comportamientos

Comienza haciendo una lista de todo lo que en el trabajo, en tu vida personal y en tus aficiones, tiendes a hacer de manera “perfecta” o qué es lo que no haces porque no lo sería.

Quizá gastas un tiempo excesivo en ordenar tu escritorio, llegas a las citas muy temprano (para no acudir tarde) o exasperas a tus amigos para que cuiden el interior de tu coche.

Paso 2: Identifica las creencias

Al lado de cada comportamiento anota la razón por la que crees que esta acción debe ser perfecta.

Ejemplo: Tienes un asistente al que has contratado para que te ayude, pero no le delegas tareas y a menudo debes quedarte hasta tarde para terminar algo que él podría haber hecho, simplemente porque consideras que no lo haría tan bien como tú.

Paso 3: Desafía a tus comportamientos

Como ya sabes cuáles son tus errores es hora de que los enfrentes, cambies tu actitud y los superes.

Anímate a delegarle a tu asistente una tarea menor, trata de explicarle qué es lo que quieres, pero no seas muy duro a la hora de corregirle. Enseña, no critiques.

Paso 4: Evalúa los resultados

Ya has dado el primer paso y no ha pasado nada grave, así que es el momento de diversificar y aplicar este método regularmente con diferentes comportamientos.

Es probable que experimentes algo de ansiedad al desafiar tus comportamientos perfeccionistas y es normal, pero ésta disminuirá a medida que veas los resultados.

Consejo:

Comienza desafiando sólo un comportamiento a la vez y avanza poco a poco: Tratar de cambiar todos sus comportamientos simultáneamente puede causarte demasiada ansiedad.

Otras estrategias

  1. Establece metas realistas

Los perfeccionistas suelen fijarse metas tan altas que resultan inalcanzables, así que aprende a establecer objetivos realistas. En este artículo encontrarás buenos consejos pera ello.

  1. Escucha tus emociones

Siempre que te sientas ansioso, infeliz o te asuste una tarea, pregúntate si no te has fijado un objetivo demasiado alto. Tus emociones pueden estar diciéndote que estás siendo poco realista.

No te auto-sabotees. Tú eres bueno y vales mucho, pero si tus metas son inalcanzables lo serán para casi todo el mundo. Céntrate en el uso de afirmaciones, que son declaraciones positivas sobre uno mismo y sus capacidades. Las afirmaciones pueden elevar tu autoestima y reprogramar tu pensamiento.

  1. No temas a los errores

Los errores son parte de la vida. Incluso pueden proporcionar experiencias de aprendizaje, si tienes el valor de examinarlos. Por cada error que asumas, superes y no repitas, habrás dado un gran paso hacia la superación del perfeccionismo.

  1. Reajusta tus reglas personales

Los perfeccionistas a menudo se rigen por una serie de reglas bastante duras que van desde “nunca debo cometer errores” hasta  “jamás tiene que haber una miga en la encimera de la cocina.” Aunque es saludable tener altos estándares personales, éstos tienen que ser flexibles y útiles, no implacables y poco realistas.

Imagina esta escena: Todas las reuniones empresariales se limitan a hablar de lo “de siempre”, nadie da nuevas ideas por miedo a equivocarse y la empresa se “estanca”. La variación está en practicar la “Lluvia de ideas”  o  Brainstorming, en la que todas las ideas son bienvenidas y cuyo resultado suele derivar en innovaciones y ganancias.

  1. Centrarse en el Todo

Los perfeccionistas a menudo exhiben “visión de túnel”: Se centran en una pequeña parte de algo e ignoran el resto. Por ejemplo, si vas  a  hacer ejercicio, te centras en quitarte los  molestos rollitos de la cintura, pero te olvidas de fortalecer piernas y brazos. Si miras sólo un árbol te pierdes la oportunidad de contemplar la magnitud del bosque.

  1. Escucha lo que dices

Cada vez que dices yo “debo”, “debería” o “no debería” hacer algo, presta atención a cómo te hacen sentir estos supuestos “deberes”. Los perfeccionistas suelen utilizar estas palabras para establecer normas personales. Ten cuidado con estas palabras y la forma de pensar que conllevan, pues pueden conducirte a crear expectativas poco realistas.

  1. Relajación y espontaneidad

Los perfeccionistas a menudo tienen dificultades para relajarse y ser espontáneos. La relajación y la espontaneidad no sólo son necesarios para una vida sana, sino que pueden mejorar tu productividad y bienestar laboral.

Toma descansos regulares cuando estés en el trabajo para desconectarte, caminar o hacer ejercicios de respiración profunda. Añade espontaneidad a tu vida y quítate las rigideces y encorsetamientos; serás más feliz y más exitoso.

Una reflexión final

El llamado perfeccionismo desadaptativo puede empujarte a establecer metas poco realistas, reducir la productividad y la creatividad y hasta acarrearte problemas de salud.

Para superar estos comportamientos perfeccionistas comienza por hacer una lista de todo lo que haces (o no) debido a tu deseo de perfección. A continuación, identifica la razón por la que crees que cada tarea tiene que ser perfecta.

Ahora debes cambiar tus comportamientos y desafiar a tu perfeccionismo centrándote en un comportamiento a la vez. Observa los resultados y repite el proceso con el siguiente. Y no olvides establecer objetivos realistas, escuchar tus emociones y tomar los errores como una forma de aprendizaje.

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