La gestión de los pesimistas

por Sandra Monteverde
gestión de los pesimistas

Como sacar partido de esta situación

Un ejemplo de lo más común
El equipo de Jimena se preparó para una importante sesión de “lluvia de ideas”. Uno de sus miembros, Susana, lanzó una propuesta muy atractiva para un nuevo producto. La mayoría del equipo la apoyó rápidamente, pero Juan, el pesimista del equipo, comenzó con sus “clásicas” críticas negativas. “Eso nunca va a funcionar”, dijo, para continuar siempre en el mismo tono: “no hay tiempo para invertir en la investigación de productos y el departamento de finanzas seguramente no nos aprobará la solicitud de ampliación de presupuesto. Tenemos que centrarnos en algo más conservador que tenga la oportunidad de ser financiado.”

En cuestión de segundos, Jimena pudo sentir que la energía y la emoción iniciales causadas por la propuesta desaparecían como por ensalmo. Por el resto de la sesión, el grupo no logró recuperar el impulso que tenía al inicio, simplemente debido a los comentarios derrotistas de Juan.

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Este escenario puede sonarte familiar si tienes un pesimista en tus filas. El pesimismo persistente puede bajar la moral del equipo, socavar nuevas ideas prometedoras y retrasar el progreso grupal.

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Sin embargo, en algunas circunstancias los pesimistas pueden aportar perspectivas y beneficios únicos para el grupo.

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En este artículo vamos a ver cómo se les puede gestionar con eficacia usando una serie de técnicas que te permitan aprovechar los beneficios de este tipo de personalidad, que a veces eres incapaz de apreciar.

¿Qué es el pesimismo?

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La palabra “pesimismo” deriva del vocablo “pessimus“, que en latín significa “lo peor”. El pesimismo es la creencia, a menudo subconsciente, de que los resultados no deseados son inevitables y que las dificultades y los reveses son mayores que los acontecimientos positivos de la vida. Los pesimistas pueden creer que la infelicidad, la decepción y el fracaso son normales y que todo lo positivo es resultado del azar y está fuera de su control.

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Martin Seligman, ex presidente de la Asociación Americana de Psicología dice en su libro “El optimismo puede aprenderse”, que los pesimistas tienen una cierta forma de justificar la adversidad ante sí mismos que afecta a su forma de pensar. Seligman llama a esto su “estilo explicativo”, sostiene que éste influye en la totalidad de su visión de la vida y que tiene tres dimensiones:

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Permanencia: los pesimistas inconscientemente asumen que las causas de sus derrotas son permanentes, mientras que los optimistas creen que los “malos tragos” son temporales.

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Por ejemplo: un amigo necesita ayuda y tú no puedes prestársela en ese momento. Un pesimista opina que “él es un mal amigo” y un optimista que “por esta vez le ha fallado al colega”.

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Generalización: los pesimistas hacen declaraciones universales sobre sus vidas cuando algo va mal, mientras que los optimistas hacen declaraciones específicas en iguales circunstancias.
Un pesimista podría pensar: “todos los informes que he escrito (y los que escribiré) son inútiles.” Un optimista se diría: “éste informe fue inútil.”

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Personalización: ante un evento de índole negativa, es factible internalizarlo (es nuestra culpa) o externalizarlo (es culpa de otros). Los pesimistas suelen internalizarlo sin meditar si ellos son o no responsables (“decididamente el problema es que yo soy tonto”, dicen). Los optimistas analizan el error y lo internalizan (“es mi culpa, pero puedo mejorar”) o lo externalizan (“esto lo hizo Pedro”) siempre basándose en argumentos válidos y comprobables.

Cómo detectar un pesimista

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He aquí una serie de pautas que los caracterizan:

  • Los pesimistas son previsiblemente negativos.
  • A menudo solo ven su propia perspectiva y no suelen ser agradecidos.
  • Sienten con regularidad que otros les han hecho daño.
  • Pueden encontrar fallos en la mayoría de situaciones y presentar argumentos de lo más inverosímiles para demostrar su posición.
  • Son rencorosos, por lo que tienen dificultad para perdonar y perdonarse.
  • Ven los cambios como riesgos innecesarios.
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Es posible confundir el pesimismo con la depresión, pero en realidad son cosas muy diferentes. Las personas que están deprimidas, a menudo se sienten desanimadas o derrotadas y no pueden justificar sus sentimientos de tristeza y desesperanza. Los pesimistas, por el contrario, suelen tener argumentos para explicar y defender sus puntos de vista negativos.

Inconvenientes y ventajas del pesimismo

Los pesimistas pueden ser un lastre para la moral del equipo y es factible que su negatividad se propague rápidamente a todo el grupo.
A menudo derriban iniciativas, predicen el fracaso de nuevos proyectos y pueden causar conflictos, especialmente con miembros del equipo que se pondrán a la defensiva cuando sus ideas sean “atacadas”.

Estas personas se ven a sí mismas como víctimas de los acontecimientos. Creen que Todo les sucede a ellos y que no pueden controlar esta circunstancia, ni paliarla de ninguna manera. Debido a ello suelen carecer de confianza en sí mismo y en su autoeficacia.

Dicho esto, el pesimismo también puede ofrecer una serie de beneficios. Las personas que son pesimistas destacan los problemas por anticipando y a menudo son los primeros en preparar planes de contingencia, resaltando riesgos y ejerciendo el control de los mismos. Como tales, pueden ofrecer perspectivas que los optimistas de su equipo pueden perderse o a veces, evitar.

Otra ventaja es que las perspectivas negativas a veces pueden ayudar realmente a obtener mejores resultados. A esto se le llama “pesimismo defensivo” y le permite a quienes lo practican adaptarse a nuevas situaciones, al estrés y a la ansiedad. Por ello, los pesimistas  son a menudo conservadores en sus metas y ven una situación o un proyecto desde todos los ángulos posibles.

Las investigaciones muestran que cuando los pesimistas defensivos se les da tiempo para analizar los riesgos de antemano, pueden canalizar su energía negativa en una forma útil y lograr resultados positivos. Otros estudios concluyen que los pesimistas defensivos experimentan tanto bienestar subjetivo como los optimistas.

Nota:
Los pesimistas, especialmente los defensivos, pueden ser igual de eficaces y exitosos que los optimistas de su equipo. Si sus ideas son constructivas y no afectan negativamente al resto de su equipo, lo mejor es apreciar los beneficios que éstas pueden aportar al grupo.

Cómo manejar el pesimismo, positivamente

Si su comportamiento no se controla adecuadamente, los pesimistas pueden mermar la energía de sus colegas, provocar conflictos y retardar el progreso de su equipo.

Estas estrategias te permitirán aprovechar sus puntos fuertes y limitar su impacto negativo.

1 – Reconoce su punto de vista

A pesar de su perspectiva negativa o crítica, los pesimistas suelen tener un punto de vista válido. Recuerda, ellos podrían detectar riesgos u obstáculos que al resto del grupo se le “escapan”, en su entusiasmo por llevar a cabo un proyecto. Un análisis serio de los puntos oscuros puede redituar en un ahorro de equipos, dinero y recursos. Utiliza tus habilidades de escucha activa y dales tiempo para explicar su posición. Mantente abierto y tratar de ser objetivo con sus propuestas y planteamientos.

Si piensas que un comentario negativo carece de fundamento, pide al pesimista que explique por qué piensa así. Por ejemplo, una declaración negativa como: “este proyecto no será aprobado por el consejo” podría ser correcta, pero sólo es útil si pueden explicar el porqué de su posición. También puedes consultarle acerca de su opinión de cómo lograr el objetivo del equipo, por ejemplo: ¿qué debemos hacer para que lo aprueben?

2 – Llama su atención acerca del impacto de su pesimismo

Algunas personas no se dan cuenta de que son persistentemente pesimistas y pueden no ser conscientes de que su actitud y su comportamiento afecta al resto del equipo. Es bueno hacérselo saber, así que ocúpate de hablar personalmente con cada pesimista y explícales cómo su actitud negativa influye en los demás.

Cita ejemplos específicos, para que cada uno entienda el efecto de su comportamiento. Nunca pierdas la calma y no denigres su actitud. Debes lograr que sienta que es una parte importante del equipo y que su cambio de actitud beneficiará a todos, empezando por él mismo.

3 – Reformula la Conversación

Muchos pesimistas carecen de confianza en sí mismo, por lo que son los primeros en decir “yo no puedo hacer eso”. Para conseguir revertir esta situación, debes trabajar para cambiar su actitud demostrándoles que sí son capaces.

Ofréceles realizar una tarea para la que tú sabes que están preparados y pregúntales por ejemplo: ¿qué recursos o ayuda necesitas? o ¿cómo puedo darte una mano? De esta forma estarás “obligando” al pesimista a plantearse el reto de conseguir determinado objetivo en vez de excusarse en la negatividad.

Esfuérzate por reducir el “factor miedo” de los pesimistas. Por ejemplo, pídeles que expliquen por qué creen que un proyecto no funcionará. Dar cuenta de sus motivos hará que revean su posición y tu apoyo les ayudará a reducir sus sentimientos de temor, de forma que los resultados de análisis también beneficiarán al equipo.

4 – Aumenta su nivel de autoconfianza

Muchos pesimistas temen al fracaso. Combaten las ideas nuevas y las iniciativas porque tienen miedo que al involucrarse, éstas no vayan a tener éxito (acuérdate que se inculpan de todo).

Si sospechas que éste es el caso, céntrate en construir o fortalecer la confianza en sí mismos. Por ejemplo, trabaja con ellos para lograr algunas victorias rápidas con un nuevo proyecto y nunca olvides expresar tu confianza en su capacidad para cumplir con cada meta u objetivo.

A continuación, céntrate en vencer algo llamado: auto-sabotaje. Pídele que ponga por escrito todos y cada uno de los  pensamientos negativos que tenga al cabo de un día.

Una vez que queden en evidencia sus puntos débiles, como el “no puedo hacerlo” o “no se ni cómo empezar”, podrás ayudarle a cambiar su punto de vista fatalista por uno provechoso y generador de resultados, contrarrestando sus pensamientos negativos con afirmaciones positivas, como “¡Yo puedo hacer esto!” o “Sé que tengo las habilidades y destrezas para ser parte importante de este proyecto.”

Consejo:
No olvides algo fundamental: siempre debes agradecerle a un pesimista sus aportaciones y análisis, para que se sientan apreciados y si lo haces públicamente, delante de sus compañeros de equipo o en una reunión empresarial, mejor será el impacto en su auto-desprestigiado ego.

Una reflexión final

El pesimismo es la creencia que tienen algunas personas de que los resultados negativos primarán antes que los aciertos, a los largo de toda su vida. Si bien es cierto que los pesimistas pueden restarle energía y entusiasmo de su equipo, también pueden proporcionar perspectivas importantes.

Para administrar con eficacia a los pesimistas debes escuchar y reconocer sus puntos de vista. Tienes que tener presente que ellos pueden aportar una perspectiva valiosa para tu equipo, por lo que es importante agradecerles sus pensamientos e ideas.

Cuando combaten una sugerencia, pídeles que encuentren maneras para ayudar a que el proyecto tenga éxito. Esto cambia su forma de pensar y los obliga a encontrar una manera creativa de progresar.

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