Cautiva a la audiencia con tus palabras

por Carmen Corral
Cautiva a tu publico con tus palabras

Conviértete en un orador influyente e irresistible

A lo largo de nuestra vida tendremos que hablar en público en más de una ocasión, ya sea a nivel profesional o personal. Tarde o temprano te encontrarás en situaciones como presentar un nuevo proyecto ante tus compañeros de trabajo, formar a nuevos empleados, hablar sobre tu organización en una conferencia, expresar tu agradecimiento al recibir un premio o brindar en la boda de un amigo.

Aprender el arte de la oratoria nos abrirá muchas puertas a nivel profesional. La habilidad de hablar en público se puede entrenar y merece la pena hacerlo. Tener una audiencia entregada a escuchar tus palabras depende de tu destreza para cautivarles.

Escucha al público

Hablar en público es mantener una conversación. Cuando mantenemos una conversación con otra persona, además de hablar, escuchamos y modificamos nuestras palabras y nuestro discurso dependiendo de con quien hablemos. Cuando hablamos en público, habitualmente la conversación no es tan interactiva y nuestros interlocutores no responden de forma tan inmediata. Sin embargo no debemos olvidarnos de ellos. Debemos escuchar a nuestra audiencia antes de empezar nuestra presentación, incluso antes de prepararla. Empieza siempre conociendo a tu audiencia ¿Qué le interesa a tu público?

Quizás pienses que vas a ser el protagonista, hablando enfrente a un grupo de personas. Sin embargo, lo importante no eres tú, es tu audiencia ¿por qué es interesante tu discurso para ellos? Convierte a tu audiencia en el protagonista. Empieza a preparar tu intervención pensando en el público, ¿para qué quieren escucharte?, ¿qué necesitan?, ¿cuáles son sus intereses?

Tu empatía con el público es clave para cautivarles con tus palabras.

Invierte en una buena introducción

Dedica tiempo a preparar el inicio de tu presentación. Las primeras impresiones cuenta y mucho. Si consigues captar la atención del público desde el principio querrán seguir escuchando lo que tienes para ellos. No te lances directamente al tema. Antes dedica unos momentos a la introducción, para crear un contexto propicio y generar curiosidad y expectación. Puedes, por ejemplo, comenzar con una historia o anécdota relacionada con el tema. Si la historia es personal será todavía más atractiva para la audiencia. El público quiere conocerte. Comenzar con una cita de algún personaje famoso y de prestigio o con una pregunta retórica también son técnicas que te ayudarán a ganar la atención del público.

Mantén el contacto visual con el público

Mirar a los ojos de la gente es un símbolo de sinceridad. Durante tu exposición conectarás con el público a través de la mirada. Te verán como un orador honesto y sincero. Distribuye el contacto visual entre toda la audiencia. En grupos grandes mantén tu mirada durante unos segundos en las personas situadas en una zona de la sala y a continuación dirige tu mirada a otro grupo situado en otro lugar de la sala. No te olvides de los que están lejos, ni en las esquinas, ni delante, ni en el centro… Evita mirar al suelo, al techo o la mirada perdida en el infinito. Manteniendo el contacto visual con toda la audiencia se sentirán parte de tu discurso, percibirán que les hablas a ellos y sentirán la necesidad de escucharte.

Habla con pasión

Juega con tu tono vocal, poniendo énfasis en las palabras y frases importantes de tu discurso. Evita la monotonía, que hará que el público se aburra y deje de prestar atención. Al público el gustan los oradores que hablan con entusiasmo. Fíjate en cómo mantenemos una conversación con un amigo sobre algo que nos gusta y con lo que disfrutamos, por ejemplo, cómo a la vuelta de tus vacaciones le cuentas a tu mejor amigo lo que has hecho durante esos días. El tono de tu voz varía a medida que narras los distintos momentos alcanzando su punto más alto cuando hablas de lo más destacado y apasionante de tus vacaciones.

Muestra tu entusiasmo durante la exposición a través de la variedad vocal. Es la forma de transmitir emociones. Con tu tono sacas afuera tus sensaciones y el que te escucha las percibirá. Un mensaje que contiene emociones tiene mayor impacto y es más fácil de recordar.

Cuida tus palabras

Evita utilizar muletillas, tipo “eh”, “ah”, “pues” y palabras que no aportan valor al discurso. Solemos emplear estas palabras para rellenar un hueco, ganando tiempo para pensar en lo siguiente que vamos a decir. Sustitúyelas por una pausa. Tu discurso ganará credibilidad.  Evita también palabras que restan valor a tu discurso, como los diminutivos, “un poco”

Responde a preguntas difíciles con confianza

Si durante la presentación abres una sesión de preguntas y respuestas, es posible que te hagan preguntas para las que no tienes respuesta o que alguna persona exprese su desacuerdo con alguna parte de tu discurso.

Que no cunda el pánico. Recuerda que lo que estás manteniendo con el público es una conversación y este es el momento en el que interactúan contigo. Recuerda también que el protagonista no eres tu, son ellos. La presentación no es para tu beneficio si no para el suyo.

Escucha atentamente la pregunta o comentario hasta el final sin interrumpir mientras la persona está hablando. No trates de pensar en una respuesta mientras escuchas, sólo escucha. Si es necesario tomate unos segundos de silencio para elaborar tu respuesta antes de empezar a hablar. Reformular la pregunta, en voz alta también es una buena técnica para ganar tiempo para pensar en tu respuesta a la vez que confirmas que has entendido bien la pregunta.

Si no conoces la respuesta a la pregunta que te han formulado, por qué no admitirlo, eres un ser humano, no una enciclopedia andante, no tienes las respuestas para todo lo que sucede en el universo. En algunos contextos puedes ofrecer el indagar sobre el tema y facilitar la información que solicitan más tarde. Si conoces una fuente alternativa donde podrán encontrar la respuesta a la pregunta puedes dirigirles a ella. No te sientas mal por no saber una respuesta y mucho menos no te sientas atacado porque “han ido a pillarte”. Aunque esa haya sido la intención con la que te han hecho la pregunta si te pones a la defensiva, te “habrán pillado”. Sin embargo, si respondes con naturalidad y de forma honesta sobre lo que conoces y lo que desconoces, no habrá lucha sobre quien sabe más, tú o la audiencia. Recuerda que estás teniendo una conversación con el público, no un combate.

Si te hacen un comentario en el que expresan su desacuerdo con alguno de los puntos de tu presentación, no te lo tomes como algo personal. Las personas tenemos diferentes opiniones y libertad para expresarlas. Acepta una opinión diferente a la tuya. Antes de reformular tu punto de vista expresa claramente que aceptas la diversidad de opiniones. Utiliza palabras como “entiendo”, “es un interesante punto de vista” Dale crédito a lo que dicen. No expreses tu desacuerdo de forma radical. Y en lugar de centrarte en lo que separa ambas opiniones céntrate en comentar lo que tienen en común.

Mejora tus habilidades a través de la evaluación

La clave del éxito está en la práctica. A medida que realices más presentaciones, te sentirás con más confianza. Para desarrollar al máximo tus habilidades a través de la práctica, evalúa tus presentaciones y proponte puntos de mejora para la próxima vez. La mejor forma es preguntarle al público. Si entre tu audiencia se encuentra alguna persona de confianza pídele que te dé su más sincera opinión sobre tu presentación de forma constructiva. También puedes grabarte y revisar la grabación más tarde.

Una Reflexión Final

Si quieres cautivar a la audiencia céntrate en ellos. Elabora una presentación pensando en lo que necesitan. Transmite tu entusiasmo y pasión para que a través de tus palabras no sólo te escuchen si no que además sientan emociones. Mantén una conversación con el público.

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